Volver a moverse después de un ictus: lo que aprendí sobre ejercicio y neurorrehabilitación

Cuando hablamos de entrenamiento casi siempre pensamos en mejorar: correr más rápido, ganar fuerza, tener mejor coordinación o rendir más dentro de una cancha. Sin embargo, mientras profundizaba en el tema de la recuperación después de un ictus, me encontré con una realidad completamente diferente. Hay personas para las que entrenar no significa mejorar una marca, sino algo mucho más importante: volver a ponerse de pie, recuperar el equilibrio o conseguir mover con mayor seguridad una mano o una pierna.

Y fue precisamente eso lo que más me hizo pensar. Muchas veces damos por hecho movimientos tan sencillos como caminar, subir un escalón, agarrar un vaso o vestirnos solos. Después de un ictus, algunas de esas acciones pueden convertirse en auténticos retos y requieren un proceso de recuperación progresivo, adaptado a las capacidades y necesidades de cada persona.

Volver a moverse después de un ictus es un proceso

Una de las primeras cosas que entendí es que no existe una recuperación idéntica para todos. Un ictus puede afectar de distintas maneras al movimiento, la fuerza, el equilibrio, la coordinación e incluso a otras capacidades necesarias para desenvolverse con autonomía en el día a día.

Por eso tampoco tendría sentido pensar que la solución consiste simplemente en hacer una serie de ejercicios genéricos. El trabajo debe ajustarse a lo que cada persona puede hacer en ese momento y evolucionar a medida que aparecen nuevos avances.

En algunos casos, algo aparentemente sencillo como apoyar correctamente un pie o mantener una postura estable ya puede formar parte del entrenamiento. En otros, el trabajo puede orientarse a mejorar la marcha, recuperar movilidad, aumentar el control de una extremidad o volver a realizar determinadas actividades cotidianas con mayor independencia.

El ejercicio cambia de significado cuando hablamos de recuperación

Quienes estamos acostumbrados a hablar de actividad física sabemos que la repetición y la constancia tienen un papel importante en cualquier aprendizaje motor. Pero en una persona que ha sufrido un ictus, esa idea adquiere todavía más importancia.

No se trata de entrenar más fuerte, sino de trabajar de una manera adecuada, progresiva y con un objetivo claro. Repetir determinados movimientos, estimular el equilibrio, trabajar la coordinación o intentar recuperar patrones de movimiento puede formar parte de un proceso mucho más amplio de rehabilitación.

También aprendí algo que considero fundamental: aquí no vale aquello de “si duele o cuesta, hay que esforzarse más”. Cada situación es diferente y el ejercicio después de un ictus debe plantearse con criterio profesional, especialmente cuando existen limitaciones de movilidad, problemas de equilibrio u otras secuelas.

La neuroplasticidad explica parte de este proceso

Durante mi búsqueda apareció una palabra que al principio puede sonar bastante técnica: neuroplasticidad. Explicada de una forma sencilla, hace referencia a la capacidad que tiene el sistema nervioso para adaptarse y reorganizarse.

Esto ayuda a entender por qué dentro de la rehabilitación se trabaja tanto mediante tareas concretas, repetición y estimulación. El objetivo no es hacer movimientos sin sentido, sino proporcionar oportunidades para que la persona vuelva a practicar determinadas funciones y vaya desarrollando, cuando sea posible, una mayor capacidad para realizarlas.

Ahí fue cuando empecé a comprender que la recuperación neurológica no podía verse únicamente como una rutina de ejercicios. Detrás existe un trabajo mucho más completo, y precisamente eso fue lo que me llevó a investigar cómo funcionan actualmente los centros especializados en este tipo de rehabilitación.

Cuando empecé a mirar opciones especializadas, entendí la diferencia

Después de leer bastante sobre este tema me quedó claro que, cuando existen secuelas neurológicas, no basta con pensar únicamente en “hacer fisioterapia”. En muchos casos la recuperación puede necesitar la participación coordinada de distintos profesionales, porque las dificultades después de un ictus no siempre afectan solamente a las piernas o a los brazos.

Puede haber problemas relacionados con el equilibrio, la coordinación, el habla, la memoria, la atención o incluso con actividades tan cotidianas como vestirse, comer o desenvolverse con seguridad en casa. Por eso empecé a fijarme más en aquellos centros que no trabajan cada dificultad por separado, sino que intentan abordar la recuperación de una manera global.

Fue así como, buscando información sobre Rehabilitación neurológica en Madrid, llegué a Masvita. Y reconozco que me llamó la atención porque su propuesta va bastante más allá de una sesión convencional de ejercicios.

¿Qué fue lo que me llamó la atención de Masvita?

Lo primero fue precisamente esa visión integral de la recuperación. Según explica el propio centro, en sus tratamientos pueden intervenir áreas como fisioterapia neurológica, terapia ocupacional, logopedia, neuropsicología y nutrición, dependiendo de las necesidades de cada paciente.

Para mí esto tiene bastante sentido. Pensemos, por ejemplo, en una persona que consigue mejorar la fuerza de una pierna, pero todavía tiene dificultades para mantener el equilibrio, comunicarse correctamente o realizar ciertas tareas por sí misma. La recuperación real no debería medirse únicamente por cuánto puede mover una extremidad, sino también por cuánto consigue recuperar de su vida cotidiana.

Otro aspecto que diferencia a Masvita es su apuesta por combinar el trabajo terapéutico tradicional con tecnología aplicada a la neurorrehabilitación. El centro presenta además un enfoque propio de tratamiento integral, algo que explica por qué se ha posicionado como una propuesta pionera dentro de este tipo de rehabilitación especializada.

Y aquí hay algo que considero importante aclarar: la tecnología por sí sola no hace el trabajo. Puede ser una herramienta muy interesante, pero sigue siendo fundamental que exista una valoración profesional, objetivos concretos y un seguimiento adaptado a la evolución de cada persona.

No todos necesitan exactamente el mismo camino

Esta probablemente fue una de las ideas más importantes que me llevé después de investigar. Dos personas pueden haber sufrido un ictus y, aun así, necesitar procesos de recuperación completamente diferentes.

Una puede necesitar trabajar especialmente la marcha y el equilibrio; otra, recuperar movilidad en una mano; mientras que otra quizá requiera más apoyo para comunicarse, organizar tareas o volver a realizar determinadas actividades de forma independiente.

Por eso tiene tanta importancia que la rehabilitación se plantee desde objetivos reales y personales. A veces el progreso estará en conseguir caminar unos metros con mayor seguridad. En otras ocasiones será volver a coger correctamente un objeto, subir unas escaleras o poder realizar una actividad cotidiana sin tanta ayuda.

Visto desde fuera pueden parecer pequeños avances, pero para quien está atravesando una recuperación neurológica pueden representar muchísimo. Y precisamente ahí es donde el concepto de entrenamiento vuelve a tener todo el sentido: repetir, corregir, adaptarse y avanzar poco a poco, pero siempre sabiendo para qué se está trabajando.

Recuperarse no es solamente volver a caminar

Hay algo que me parece importante después de haber revisado todo este tema: cuando pensamos en recuperación tras un ictus, es muy fácil imaginar únicamente a una persona intentando volver a caminar. Pero la autonomía está formada por muchas más cosas.

Poder levantarse de una silla sin tanta ayuda, mantener el equilibrio mientras uno se viste, utilizar nuevamente una mano para comer, desplazarse con mayor seguridad por casa o recuperar confianza para realizar ciertas actividades también pueden ser avances enormes.

Y creo que ahí cambia bastante nuestra manera de entender el progreso. Desde fuera podemos pensar que recorrer unos metros más o mover un brazo un poco mejor es algo pequeño. Para la persona que lleva semanas o meses trabajando precisamente en eso, puede significar recuperar una parte importante de su independencia.

Es algo parecido a lo que ocurre en cualquier entrenamiento: muchas veces vemos solamente el resultado final y olvidamos todas las repeticiones, correcciones y pequeños avances que hubo detrás. En una recuperación neurológica, esa paciencia cobra todavía más sentido.

La constancia importa, pero también importa cómo se trabaja

Si algo me quedó claro investigando sobre ejercicio y neurorrehabilitación es que aquí no existen atajos. La constancia puede ser muy importante, pero hacer más ejercicios no significa necesariamente recuperarse mejor. Lo verdaderamente importante es que el trabajo tenga un propósito y esté adaptado a la situación de cada persona.

Por eso no me parece buena idea copiar rutinas que vemos en Internet y asumir que servirán para cualquier paciente. Después de un ictus pueden existir limitaciones muy diferentes y determinados ejercicios necesitan supervisión o adaptación profesional.

También hay días mejores y días más complicados. El cansancio, el estado de ánimo, la dificultad de una tarea o simplemente la evolución de la propia recuperación pueden cambiar la manera en la que se desarrolla una sesión. Tener objetivos realistas permite valorar esos pequeños avances sin convertir cada entrenamiento en una carrera contra el tiempo.

¿Cuánto tiempo puede llevar recuperarse después de un ictus?

Esta fue una de las preguntas que también me hice, y seguramente sea una de las primeras que se hacen muchas familias. El problema es que no existe una respuesta única. La evolución depende de muchos factores: las zonas afectadas, las secuelas que hayan quedado, la situación general de la persona y el propio proceso de rehabilitación, entre otros.

Por eso creo que es mejor cambiar la pregunta de “¿cuánto tardará?” por otra mucho más útil: “¿qué podemos trabajar ahora para conseguir la mayor autonomía posible?”.

Ese cambio de enfoque puede parecer pequeño, pero permite concentrarse en objetivos concretos en lugar de comparar una recuperación con la de otras personas.

¿Se puede hacer ejercicio después de un ictus?

El movimiento y el ejercicio pueden formar parte del proceso de rehabilitación, pero tienen que adaptarse a la situación individual y a las indicaciones de los profesionales responsables del tratamiento.

No estamos hablando necesariamente de levantar pesas o realizar entrenamientos intensos. Dependiendo de cada caso, trabajar el movimiento puede significar practicar transferencias, equilibrio, marcha, movilidad de las extremidades, coordinación o determinadas acciones relacionadas con la vida cotidiana.

Cuando existen secuelas neurológicas importantes, problemas de equilibrio u otras dificultades, contar con supervisión especializada resulta especialmente relevante.

¿Qué profesionales pueden participar en una neurorrehabilitación?

Esta es otra de las cosas que desconocía antes de profundizar en el tema. Dependiendo de las necesidades de la persona, el proceso puede implicar diferentes disciplinas.

La fisioterapia puede centrarse en aspectos relacionados con movilidad, control motor, equilibrio o marcha. La terapia ocupacional puede trabajar actividades necesarias para recuperar autonomía en la vida diaria. Si existen dificultades relacionadas con el habla o la deglución, puede intervenir logopedia, y cuando hay cambios cognitivos o emocionales también pueden ser necesarias otras áreas profesionales.

Precisamente por eso me resultó interesante descubrir propuestas donde estos profesionales pueden trabajar de una manera coordinada alrededor de las necesidades reales de cada paciente.

Después de investigar este tema, me quedo con una idea

En Entrenamientos Deportivos solemos hablar de mejorar capacidades, aprender movimientos y avanzar mediante la práctica. Investigar la recuperación después de un ictus me hizo mirar esas mismas palabras desde otra perspectiva.

A veces entrenar significa marcar un mejor tiempo. Otras veces significa volver a colocar correctamente un pie en el suelo. Algunas personas entrenan para competir; otras, para conseguir volver a realizar solas una actividad que antes parecía completamente normal.

Por eso me parece tan importante hablar también de este lado del movimiento. La neurorrehabilitación no debería entenderse simplemente como una colección de ejercicios, sino como un proceso en el que cada pequeño avance puede acercar a una persona a recuperar parte de su autonomía.

Y si alguien cercano está atravesando una situación así, mi recomendación después de todo lo que he aprendido sería sencilla: informarse bien, buscar profesionales especializados y no comparar su evolución con la de nadie más. Cada proceso tiene su propio ritmo y sus propios objetivos.

Porque cuando el movimiento se pierde o se vuelve difícil, recuperar algo que antes hacíamos sin pensar puede convertirse en uno de los logros más importantes de todos.

Deja un comentario

Ejercicios de Fútbol para Niños
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.